Hoy es uno de esos millones días en los que me pongo a pensar y a darle unas infinitas y dos vueltas a todo; en los que le encuentro a todo su parte extremadamente buena, perfecta y sublime; y su parte patéticamente mala, nociva y dañina, ambas partes inevitables. Días en los que me enorgullezco de muchas cosas que he hecho y en los que me arrepiento de otras muchas cosas realizadas por mí, aún sabiendo que si tuviera otra oportunidad, las volvería a hacer; todas y cada una de ellas, con el mismo resultado. En los que la incertidumbre me abruma y no sé si me lamento de lo poco que he hecho en mi vida, o si me lastima no haber hecho lo que no hice. En los que pierdo la cuenta de sonrisas esbozadas, carcajadas al viento, lágrimas puras y gemidos de dolor. En los que hasta el sentido, carece de sentido y con él, todo deja de poseerlo. Días, en los que no sé si deseo que llegue mañana, volver al ayer o que el tiempo se pare indefinidamente. Días.

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