La realidad se muestra ante mí con suma grandiosidad; como siempre ha hecho, como siempre hace.
Hoy de nuevo.
Lo sé. Sé lo que me grita al oído mientras sueño y mientras corro por la calle; incluso mientras estoy acompañada y cuando me río y cuando lloro.
Aquello que mi mente viste con sus mejores galas, aquello que ni el mejor disfraz podría ocultar. Nunca dormido, nunca despierto.
Qué inútil malgastar la vida lamentando la muerte que inevitablemente llegará tarde o temprano; pero, ¿qué hacer?, si el destino hipócrita tendrá su final, si la realidad está escrita en cada pared, en cada ojos clavados en la multitud; si mi mente hace oídos sordos y no para de rezarle a la inmortalidad.
No quiero oírla.

No hay comentarios:
Publicar un comentario