Aún no he conseguido que me suene mi cara.
A veces, sólo a veces, consigo imaginarme cómo se me ve desde ahí.
Sinceramente me odio.
Tal vez sólo vea pedacitos de mí reflejados en los ojos ajenos, pero son lo poco que puedo respirar.
Esos trocitos de esencia que no paran de gritarme lo poco que se desprende de mí ser.
Insoportablemente insoportable y con muchas muchas ganas de que me soporten.
Insoportablemente insoportable y con muchas muchas ganas de que me soporten.
Afortunada por vivir cada segundo de los que llevo hasta hace un par de éstos. Desagradecida, como todos, y cuantiosamente hipócrita, como todos de los todos.
Aunque no paro de luchar para evitarlo.
¿Por qué conformarse con vivir?
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